martes, diciembre 20, 2005

pasillo o ventanilla...

he estado a punto de perder el barco. Estaba tan convencida de que esto debía de ser cosa del destino, que pasase lo que pasase tenía que suceder, que olvidé por completo que nuestra vida es un continuo vaivén azaroso de desastres, emociones y circunstancias más o menos caóticas que nos desvían constantemente de un supuesto camino ya trazado.

Me resbalé con una cáscara de plátano, y ya llegaba tarde al puerto. ¡¡Dios!! ¿Quién ha sido el maldito que va dejando esas máquinas de matar en una zona tan transitada, con tantos obstáculos? He de reconocer que no me caí de una forma demasiado elegante (nunca lo he sido). Ya en el suelo, pensaba que el golpe no tenía importancia, pero cuando decidí levantarme, me di cuenta de que, antes que mi cabeza, fue mi culo el primero en ser consciente de los traqueteos de mi destino… ¡¡ay cómo duele!!

Casi no puedo levantarme, y noto algo caliente que me resbala por la barbilla: me he hecho sangre en el labio inferior, mordiéndomelo inconscientemente al caer. Necesito saber quién ha sido… ¡¡NO!! Necesito saber quién de los que están a mi alrededor no ha sido, para no odiar al mundo entero. Oigo ruidos de una risa impertinente, que provienen de un edificio alto. Miro hacia arriba, tal y como estoy sentada. Veo en la ventana un gracioso chimpancé que me apunta con un pincel, engalanando su pose con malencarada actitud.

- “¡MONO DE MIERDA!! “ Le espeto con todas mis fuerzas. “Llegaré tarde por tu culpa, estúpido ¿Acaso no sabes adónde voy? “

No contento con esto, el chimpancé suelta una carcajada de categoría humanoide y me arroja una bola de papel que se encuentra con mi ojo… Al borde del colapso, las fuerzas de la ira hacen que me levante… miro hacia arriba, el primate ya no está; ha huido, el muy cobarde.

Quiero no pensar ni entretenerme mucho más… decido proseguir mi camino mascullando improperios sobre Darwin, con mucho peor ánimo que antes. Tropezándome con la gente y entre mil perdones, escucho mi nombre, todavía en la lejanía. Me duele el culo, el labio y el orgullo, pero este barco no lo voy a dejar escapar.

¡Llegué! Ya estoy en la cola… ¿me he dejado algo? Miro en mis bolsillos, que vacié el día en que decidí llenarlos de sueños. Encuentro inexplicablemente en uno de ellos la bola de papel del simio. La abro... me emociono:



Lloré como una mona. Mi planeta, mi sueño, estaba más cerca y el barco está a punto de zarpar.

2 Comments:

Anonymous laurilla said...

muy bueno pepapoder, estas historias encadenadas, me encantan. Soy una amiga de angel que me ha dado el link para leeros y me alegro de que lo hiciera. besos a todos

5:20 p. m.  
Blogger pepapoder said...

estás invitada laurilla...
vente conmigo de crucero :-D

1:01 a. m.  

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