jueves, abril 20, 2006

De Lirium.

Alguien llama a la puerta de mi choza.
Su piel huele a jazmín, y espero anhelante como perro, que entienda mi silencio y abra la puerta.

Estoy encogido en el fondo más fresco y sombrío. la miro, enmarcada por la entrada. No puedo dejar de tiritar, sin poder articular palabra. Ella, despacio como una borrasca segura, se acerca a mí.

Todo se ha detenido menos ella.

La criatura que me hace enfebrecer, empieza a desgarrar un nombre de llanto a través de mi entraña doliente. Es el que ella, Oscura Madre, está obedeciendo.

¿Cómo podría saberlo? Ella taladra mis pensamientos:

“Si sabias, desde hace 10.000 años, pero desconfías, y tiemblas y lloras.”

Detrás de ella, veo aparecer al niño lama… estoy a punto de desmayar.

Ella me abraza, me acerca al infinito que pulsa calido en su vientre redondo y ondeante.

“Desconfías de mi, desconfías del consuelo… y tu herida no cesa de llamarme.”

El niño lama toca mi cráneo con su mala.

“¿Cuánta distancia hay entre el rumor del arroyo y su agua? ¿Que hay entre la piel del hijo y su madre?¿Entre el llanto y el consuelo?”

- Cada vez hay menos… - dije.
- Mírame – me insto ella – la desconfianza es nuestra distancia… Nuestro consuelo tiene el sabor de la certidumbre.

1 Comments:

Blogger yomi said...

¡Que bonito!
Pero ¿como has colado este delirio aquí? esto no estaba antes...

7:05 p. m.  

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