martes, febrero 28, 2006

Berkano.


Veo un bosque de árboles viejos y deshojados.
Cada uno de sus troncos gruesos, es un vientre abierto.

En uno de esos vientres veo un bulto acurrucado entre sombras.

No puedo evitar acercarme.

- Hola… ¿Esta bien?

Un rostro arrugado y macilento me mira con ansiedad.

- ¿Bien?... Ya recuerdo. Le he visto… a usted y a sus compañeros.
- ¿Nos ha visto?... Entiendo…

El hombre acurrucado revuelve su torso, y deja ver otro bulto pardo y ondulante. Siento un nudo en el estómago.

- Tómelo… por favor..

Me inclino sobre el vientre del árbol, y sostengo el ofrecimiento.
Sí. Una criatura, silenciosa.
Los ojos del arborícola me miran fijamente, con curiosidad. Lo sostengo, lo mezo…

- Usted no lo sabe… pero las criaturas siempre eligen el brazo siniestro de sus madres. Así pueden susurrarse de corazón a corazón, la confidencia de la ternura… usted no lo sabe… pero han sido los forasteros los que nos lo han enseñado…
- ¿Cómo se olvida un instinto?
- No, no se olvidan… son los instintos los que nos olvidan a nosotros. Nos dejan solo su nostalgia y las leyendas…

Le devuelvo la criatura, y el recompone su útero de sombras, en el vientre del árbol.
Esto no me lo esperaba.





2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Precioso de verdad, incluyendo los dibujos.
Gracias a todos por continuar vuestro viaje

12:26 p. m.  
Blogger pepapoder said...

yo soy zurda...

11:07 p. m.  

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