jueves, enero 19, 2006

Cielo rosa...

... cierro los ojos, los vuelvo a abrir inmediatamente. Cielo rojo. Cielo negro. Oscuridad. Luz repentina y ardiente.

Allí, sentada encima del pequeño picacho, me maravillo contemplando el azar en su máximo esplendor. ¿Qué se puede llegar a desear cuando todo lo que ves son estrellas fugaces?

Me entretengo en contar los satélites y cometas que se cruzan ante mí. Los hago miembros honoríficos de este planeta. Me saludan solemnes, alegres, y se alejan. Ya no están. Cierro los ojos.

Y vuelvo a abrirlos. Se ha parado todo, y mi corazón se ralentiza, acompasándose de forma natural al ritmo vital de este planeta sin tregua. Un espectáculo de infinitos matices se descubre en la bóveda. La velocidad vertiginosa acalla sus voraces sonidos y saluda humilde a esta novedosa quietud. Mi estómago se repliega. Y se descubre la inefable melodía de los tiempos antiguos, cuando todo era calma.

Ahora puedo escuchar la voz de infinitos susurros de grandeza y majestuosidad. Ahora puedo escuchar a los lobos aullar. Y cierro los ojos para extinguirme con ellos.

Que vuelva esa máquina fugaz de deseos. La estoy esperando.

2 Comments:

Blogger Altair said...

eh, bueno, uf, no sé... ¿Qué pasada, no?... en serio, de verdad... que maravilla. Que increible ¿No?... de verdad, me ha encantado... es como... no se... alucinante... más... quiero más...
Esque... ¡Puedo verlo! el cielo, las estrellas. Me ha encantado¡¡

8:27 p. m.  
Blogger Erika K. said...

¿Cuántas estrellas fugaces quieres para ti, Altair?

5:57 p. m.  

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