domingo, enero 22, 2006

De cómo fue la historia del único meteorito que cayó en el único desierto de Planeta Rave, antes conocido como Planeta del Juicio Final.

Fui una tormenta en el centro del desierto de mí. Era una tormenta de arena, y en mi corazón una tormenta de lágrimas frías, y rayos como hachazos mortales.
Había un peregrino, atravesándome el alma, hoyando en mí un camino nuevo, único. ¿Por qué era nuevo y único? Por que sus pisadas no se disolvían en la arena, por que el ritmo de sus pasos, tenía una cadencia. En su peregrinar, mientras vigilaba su rumbo en los movimientos de mi sol despiadado, y en mi cielo estrellado, conversaba silenciosamente conmigo, y los versos de su silencio, arrancaban un rumor a cada uno de mis granos de arena, y yo, asombrada, no quise acallarlos, en ningún momento.
Pasaban los días, y él, que no dejaba de ver mi furia en su horizonte, no desfallecía. Y yo, frente a él, no quería que desviara su rumbo, no quería que acabara de llegar, jamás.
Pero un día, lo vi en la linde de mi tormenta de arena, después de no haberse desviado, después de no haberse confundido. Fui un muro de vientos rojos, silbando en su rostro. Fui todos los velos danzando con furia para él. Fui todas las agujas voladoras, amenazándole.
Y él... Me acarició el aire.
Su caricia restalló en un trueno, uno que siempre quise oír, uno que nunca me atreví a soñar, para no tener que despertar de su evocación.
La tormenta de las arenas, desapareció. Y el vio otro horizonte. Yo, ventisca de lágrimas. Yo, un llanto sin resuello.
Pero siguió caminando hacia el centro del país de mí, por un camino nuevo.
Entró en mi lluvia, y yo no quise mojarlo. Caminó bajo mis rayos, y yo no quise herirlo. Y asombrada, no pude olvidar estos deseos, nunca más.
Y todo se detuvo.

Y si ya no soy tormenta ¿Qué soy?
Sólo encontré tus brazos, sólo tuve tus besos.